miércoles, 1 de agosto de 2012

Bienestar, felicidad y progreso


Me parece, desde mi posición de ignorante prejuicioso, que el concepto de adaptación al medio esta muy enviciado en el ser humano. Pienso, por ejemplo, en la Psicología (ciencia que, por cierto, amo y sueño con ella y todo eso), y su forma de integrar a los individuos con déficits de vuelta a la sociedad, de tal manera que puedan reintegrarse y cumplir las funciones que les exige el sistema, entre las que se encuentran: consumir, trabajar, consumir, procrear, consumir para evitar procrear, consumir para tener ganas de procrear, y un largo etcétera (dije consumir, ¿cierto?). La paradoja acá es el término de “sanidad”. Porque, ¿es realmente sano el que se adapta a una sociedad enferma? Si la gente se devana en constantes tribulaciones y se contrae en abundantes catarsis sin horizonte a la vista (una forma bonita de decir que la gente se deprime por tonteras), las causas pueden estar en el sujeto, sin duda, pero también se construyen en relación a su medio. En una comparación repetida hasta el hartazgo, recordemos a las tribus antiguas y en especial a sus brujos, que probablemente hoy serían personas con problemas mentales, a veces graves, pero que en ese entonces lograban integrarse en su psicosis con el resto. Quizás hoy en día ya estemos un poco trancados mentalmente como para creer nuevamente en espíritus que salen hasta en la sopa, pero no olvidemos que aquellos enfermos mentales tenían una forma diferente de ver el mundo, y que quizás algo de sus barbaridades nos podría hacer sentido.
Por supuesto que hay casos que son bastante peligrosos, tanto para ellos como para nosotros, si es que no son tratados, pero también la forma de tratamiento podría cambiarse hacia nuevos esquemas. Pienso en Sacks, y veo que las anomalías mentales y cognitivas no son necesariamente deficiencias, sino más bien desadaptaciones, que podrían ser tratadas (no necesariamente mejoradas) de manera que no afecten al paciente en gran medida, y le permitan una vida un poco mas feliz.
Después de todo, ¿quienes somos para juzgar quien esta bien y quien esta mal? Cualquiera que viva en las grandes ciudades sabe que hay que ser frenético para alcanzar a hacer todas las cosas. Que es uno, contra el mundo. ¿Serviría ese mismo enfoque en un pueblo pequeño? Claramente que si usted empieza a empujar a todo el mundo para tratar de llegar a la otra esquina a comprar el pan en un lugar rural, va a parecer un demente, aparte de ganarse un buen par de puñetazos.
No considero que realmente hayamos avanzado hacia un mundo mejor. A diferencia de lo que piensan algunos economistas, el progreso no es infinito, y el bienestar de todos no aumenta cuando crecen las riquezas. Pienso que el crecimiento positivo, aunque ayuda, no lo es todo. Claramente estaríamos mucho mejor si aprendiésemos a escucharnos a nosotros mismos y a respetarnos, antes de dejar que nos pasen por encima por un puñado de pan. La necesidad en algunos casos manda, es cierto, pero también es necesario distinguir entre lo que es realmente necesidad, y aquello que se convierte en codicia. Por poner un ejemplo, hay personas que no pueden vivir sin su Iphone 4G de doble núcleo y que se yo... ¿eso es necesidad?
Paradójicamente, a pesar de que las condiciones económicas han mejorado, permitiendo el acceso a mayor cantidad de bienes, hoy en día, aquel que es capaz de conseguir mas que lo que había hace cien años, se siente igual de pobre que su centenario antepasado. Porque, al parecer, muchas de nuestras susodichas necesidades, son en realidad lujos artificialmente creados. Dejando de lado al bendito Iphone, pensemos en otros bienes tecnológicos, que sin duda hacen maravillas (como abrir una lata de atún con un botón, un aplauso por favor), y ahora pensemos en la necesidad real que existe subyacente a estos bienes. Pareciese que muchos se compran en pos de un anhelo de “comodidad”. Esa comodidad es un bien necesario, pero inalcanzable casi tanto como el bienestar económico (ese punto donde usted dice: “ya tengo todo lo que necesito”), debido a que siempre hay algo que puede hacer la vida aún mas cómoda, y que no siempre está al alcance del bolsillo. La pregunta: ¿Es realmente tan necesaria esa comodidad?, ¿Nos ayuda a crecer como personas, entes pensantes –seres vivos, ¡por Dios!- el bendito abrelatas?
Se sabe ahora que la población se vuelve cada vez más torpe para desenvolverse en su medio artificial y más irresponsable, debido a los avances tecnológicos. La tecnología ha permitido al ser humano justificar su retraso a los compromisos a través de un celular o Internet a última hora. Le ha permitido olvidarse de cómo hacer las cosas gracias a una maquina que lo hacer todo por el. Le ha regalado reumatismos, obesidad, hipertensión, diabetes, atrofias musculares y problemas motores, todo debido a que el ser humano común ahora debe hacer menos esfuerzos para conseguir lo que quiere, permitiéndole atrofiar su cuerpo (por lo menos los dedos aún sirven para presionar botones). Le ha regalado respuestas inmediatas y fáciles. Le ha regalado integración a una aldea global sin identidad. Le ha dado anhelos imposibles con yates lujosos y piscinas temperadas. Le ha dado déficit atencional y dificultad para leer. Le ha dado radiaciones cancerigenas. Ha cambiado sus fundamentos, ideologías y creencias por ideas fáciles y absorbibles. Lo ha vuelto un adicto a distintos tipos de drogas, comestibles, bebibles, sonoras, visuales, etc. Ha vuelto al ser humano, único, real y diferenciado, en un producto de banda transportadora, producido en masa. Un cosmopolita, un hombre de mundo a fin de cuentas.
No quiero ser un retrogrado que convenza a nadie de volver a vivir en chozas (si quiere hacerlo de todos modos, cosa suya), pero pienso que la tecnología, y la técnica no debe ser el fundamento y propósito de la sociedad. Tal como podemos usar el objeto tecnológico, también radica en nosotros la decisión de abandonarlo y no mirar atrás. Gracias Heiddeger. Porque somos seres libres al fin, y esto implica grandes responsabilidades.
Si es necesario cambiar el estado actual de las cosas, uno de los pilares para lograr ese noble y titánico propósito es empezar a consumir menos, y pensar antes de consumir. Potenciar el intercambio de bienes usados y cuidar lo que tenemos y lo que vamos a regalar. Aprender de una buena vez, que no es necesario tener el último aparato tecnológico si es que tenemos una versión más antigua del mismo, pero que igualmente sirve. ¿Vale la pena sacrificar recursos naturales por mejor tecnología? Hay gente que la utiliza para trabajar y procesar gran cantidad de datos, pero muchos gastan precisamente por el “lujo” de tener un aparatito idiota que haga 80 tonteras distintas, para desecharlo 6 meses mas tarde por otro que haga 20 tonteras mas. Francamente, si nosotros nos redujimos a esto, no culparía al mundo si es que nos desecha también a nosotros.
Termino esta majadería con una simple pregunta: ¿Y el crecimiento personal donde quedó?


No hay comentarios:

Publicar un comentario